Más allá de su exquisita técnica como ilustrador de la segunda mitad del siglo XX, Norman Rockwell fue un director multifacético: realizaba sesiones de fotos en la cual cuidaba al detalle todo lo que iba a ser fotografiado, desde la indumentaria, la pose de los personajes, la decoración y todo aquello que el fotógrafo encargado iba a perpetuar en una fotografía para que el ilustrador luego la utilice en su obra final.
Pese a que siempre estuvo supervisando todas las sesiones de fotos, nunca fue él el que realizó el disparo, se alejó del lado técnico de la cámara, y prefirió concentrarse en aquello que iba a ser fotografiado. Fue un fotógrafo sin cámara, o mejor dicho un fotógrafo que se independizó de la técnica excluyéndola de su proceso creativo para concentrarse en la dirección de lo creado.
